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La relación entre profesor y alumno
Aunque ahora veamos los años escolares como la época más bonita de nuestra vida, si echamos la vista atrás, quizá recordemos a ciertos profesores injustos que nos hacían la vida imposible. En sus clases raras veces nos atrevíamos a decir algo por miedo a hacer el ridículo.

¿Tienen las clases que ser así realmente? ¿Una clase tiene que ser obligatoriamente una tortura? ¡No! Existen alternativas menos autoritarias y por ello mucho más productivas.


El profesor y el alumno al mismo nivel
Una de las alternativas es organizar las clases de forma "abierta", es decir, que el alumno progrese por sí mismo, que participe en clase y que no se limite simplemente a imitar al profesor. Este ve al alumno como una persona independiente, con sentimientos, con su opinión y personalidad propias. La relación se basa en el respeto mutuo, a través del cual se potencia la confianza del alumno en sí mismo. Al equiparar al alumno con el profesor se logra que el alumno no tenga miedo a equivocarse cuando participa en clase.


¿Cómo puede organizar el profesor una clase constructiva?
Las posibilidades son infinitas. No importa si usamos juegos de rol, talleres o tareas interactivas, lo importante es despertar el interés del estudiante. Independientemente de la organización de la clase, se deberían tener en cuenta los siguientes aspectos:

Comprensión: el profesor debería esforzarse siempre por organizar las tareas de forma adecuada para los estudiantes. Incluso los temas áridos pueden ser divertidos si se presentan en un envoltorio adecuado.

Flexibilidad: cada persona tiene su propio ritmo, lo que también se observa en el aprendizaje. El reto del profesor consiste en atender las necesidades individuales de cada alumno.

Práctica: para despertar el interés de los niños y sus ganas de aprender, las clases deben ser prácticas. Este método fomenta la iniciativa personal del alumno, que experimenta sus logros con mayor intensidad. Los conocimientos se interiorizan de forma natural porque el alumno se implica personalmente en las actividades de clase.

Es obvio que la preparación de este tipo de clase requiere más tiempo que los métodos tradicionales. Sin embargo, el resultado es sorprendente, ya que no sólo el estudiante se divierte, sino que también el profesor está mucho más motivado. Pues, ¿a qué profesor comprometido no le gusta ver que su alumno aprende con facilidad?

Traducido por Evelyn Martín, Noelia Sapena, Carmen Suárez.